dissabte, 3 de juliol de 2010

Mi padre y yo

Era algo que nunca había hecho antes y que a partir de entonces sólo he hecho a desgana y por cortesía si alguien me lo ha pedido. Es una forma de placer que rara vez me ha hecho gozar, en forma activa o pasiva, porque prefiero besar en los labios, y en la que nunca he sido hábil. Al parecer requiere cierta destreza técnica y hay que retraer los dientes, que, tal vez porque los míos son demasiado grandes o están dispuestos de manera irregular, siempre parecen estorbar. Con gente que no conozco muy bien me vuelvo más bien escrupuloso, pues temo que sean sucios o incluso tengan enfermedades, y he observado que los chicos normales que piden que se les dé esa forma de goce nunca se ofrecen ellos a su vez a administrarla. Se trata también en mi experiencia de un tipo de estimulación que normalmente desean los que están bastante agotados sexualmente; puede que produzca en ellos resultados más ràpidos que la masturbación, pero, aún así no son más rápidos, y estar prácticamente asfixiado durante diez minutos o más después de haber tenido ya mi propio orgasmo es algo que nunca me ha producido ningún placer.

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